Un cerdo

By Santiago Broide

 
      Un día como cualquier otro, se levantó de la cama y enfiló al baño. Prendió la luz y se vio al espejo. Al descubrir sus inflados cachetes, gruño: “Soy un cerdo”.

  
      Al otro día, también después de despertarse, fue al baño y, al encender la luz, encontró sus ojos saltones y dijo: “Soy un cerdo”.

   
      Un día después, llevó a cabo la misma seguidilla de acciones, sin embargo, al prender la luz del baño, observó entonces su enorme panza y no pudo contener el “Soy un cerdo”.

  
      A la mañana del otro día, una vez que dejó la cama y encendió la luz del baño, descubrió en el espejo su cara sudorosa y su respiración ahogada y soltó resignado: “Soy un cerdo”.

  
      El día siguiente también era como cualquier otro. Y se despertó, y salió de la cama, y se dirigió al baño. Pero esta vez no pudo encender la luz: le resultó imposible accionar el interruptor con su pezuña.

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