La vida es masturbación

By Santiago Broide

    

     “La vida es masturbación”, escribo. Ella intenta ver el cuaderno pero no la dejo. Me mira con esos ojos de pescado mientras se acerca lentamente. No me besa; se frena a diez centímetros de mi cara y se queda esperando con los ojos entrecerrados, como si hubiese sido súbitamente atacada por una oleada de arcadas. Entonces, no puedo hacer más que besarla. El calor del contacto no traspasa la piel de los labios. Espero que no quiera otro beso. “Te amo”, me dice y yo le respondo que también. Ella sonríe como si me creyera, simulando que mi tristeza es pasajera y que no se debe a que carezco de corazón. Le digo que se ponga a estudiar por quincuagésima vez, y va. Agarra su libro y se sienta del otro lado de la mesa.

 

 

     La vida es masturbación. Algunos prefieren eyacular muchas veces en el día, a otros les gusta una paja larga y tendida, la mayoría disfruta que otros los masturbe. Hay quienes se masturban con textos u objetos, también quienes lo hacen adorando imágenes. Unos se masturban a costa de otros, y hay de los que lo hacen viéndose al espejo. La idea es eludir el mundo real el mayor tiempo posible, habitar lejos de ahí. Tarde o temprano, mucho o poco, vamos a acabar.

 

 

     Ella estornuda. “Salud”, suelto instintivamente. “Gracias gordito”, responde.

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